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2 Vive Dios, que ha
quitado mi derecho,
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Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,
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3 Que todo el tiempo que
mi alma esté en mí,
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Y haya hálito de Dios en mis narices,
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4 Mis labios no hablarán
iniquidad,
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Ni mi lengua pronunciará engaño.
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5 Nunca tal acontezca que
yo os justifique;
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Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad.
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6 Mi justicia tengo asida,
y no la cederé;
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No me reprochará mi corazón en todos mis días.
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7 Sea como el impío mi
enemigo,
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Y como el inicuo mi adversario.
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8 Porque ¿cuál es la
esperanza del impío, por mucho que hubiere robado,
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Cuando Dios le quitare la vida?
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9 ¿Oirá Dios su clamor
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Cuando la tribulación viniere sobre él?
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10 ¿Se deleitará en el
Omnipotente?
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¿Invocará a Dios en todo tiempo?
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11 Yo os enseñaré en
cuanto a la mano de Dios;
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No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.
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12 He aquí que todos
vosotros lo habéis visto;
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¿Por qué, pues, os habéis hecho tan enteramente vanos?
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13 Esta es para con Dios
la porción del hombre impío,
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Y la herencia que los violentos han de recibir del
Omnipotente:
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14 Si sus hijos fueren
multiplicados, serán para la espada;
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Y sus pequeños no se saciarán de pan.
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15 Los que de él quedaren,
en muerte serán sepultados,
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Y no los llorarán sus viudas.
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16 Aunque amontone plata
como polvo,
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Y prepare ropa como lodo;
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17 La habrá preparado él,
mas el justo se vestirá,
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Y el inocente repartirá la plata.
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18 Edificó su casa como la
polilla,
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Y como enramada que hizo el guarda.
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19 Rico se acuesta, pero
por última vez;
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Abrirá sus ojos, y nada tendrá.
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20 Se apoderarán de él
terrores como aguas;
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Torbellino lo arrebatará de noche.
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21 Le eleva el solano, y
se va;
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Y tempestad lo arrebatará de su lugar.
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22 Dios, pues, descargará
sobre él, y no perdonará;
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Hará él por huir de su mano.
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23 Batirán las manos sobre
él,
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Y desde su lugar le silbarán.