-
2 Muchas veces he oído
cosas como estas;
-
Consoladores molestos sois todos vosotros.
-
3 ¿Tendrán fin las
palabras vacías?
-
¿O qué te anima a responder?
-
4 También yo podría hablar
como vosotros,
-
Si vuestra alma estuviera en lugar de la mía;
-
Yo podría hilvanar contra vosotros palabras,
-
Y sobre vosotros mover mi cabeza.
-
5 Pero yo os alentaría con
mis palabras,
-
Y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor.
-
-
6 Si hablo, mi dolor no
cesa;
-
Y si dejo de hablar, no se aparta de mí.
-
7 Pero ahora tú me has
fatigado;
-
Has asolado toda mi compañía.
-
8 Tú me has llenado de
arrugas; testigo es mi flacura,
-
Que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.
-
9 Su furor me despedazó, y
me ha sido contrario;
-
Crujió sus dientes contra mí;
-
Contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.
-
10 Abrieron contra mí su
boca;
-
Hirieron mis mejillas con afrenta;
-
Contra mí se juntaron todos.
-
11 Me ha entregado Dios al
mentiroso,
-
Y en las manos de los impíos me hizo caer.
-
12 Próspero estaba, y me
desmenuzó;
-
Me arrebató por la cerviz y me despedazó,
-
Y me puso por blanco suyo.
-
13 Me rodearon sus
flecheros,
-
Partió mis riñones, y no perdonó;
-
Mi hiel derramó por tierra.
-
14 Me quebrantó de
quebranto en quebranto;
-
Corrió contra mí como un gigante.
-
15 Cosí cilicio sobre mi
piel,
-
Y puse mi cabeza en el polvo.
-
16 Mi rostro está
inflamado con el lloro,
-
Y mis párpados entenebrecidos,
-
17 A pesar de no haber
iniquidad en mis manos,
-
Y de haber sido mi oración pura.
-
-
18 ¡Oh tierra! no cubras
mi sangre,
-
Y no haya lugar para mi clamor.
-
19 Mas he aquí que en los
cielos está mi testigo,
-
Y mi testimonio en las alturas.
-
20 Disputadores son mis
amigos;
-
Mas ante Dios derramaré mis lágrimas.
-
21 ¡Ojalá pudiese disputar
el hombre con Dios,
-
Como con su prójimo!
-
22 Mas los años contados
vendrán,
-
Y yo iré por el camino de donde no volveré.